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Profesora de Coquimbo destaca por sus resultados educativos en la educación pública

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Si hay alguien cuya vocación es el propósito de su vida es la profesora Gerarda Pinto. Su amor por la enseñanza no sólo viene de la herencia de su padre Hernán Pinto, – un destacado profesor normalista en Coquimbo- sino que también desde su interés permanente por mejorar los aprendizajes en estudiantes que viven en contextos de alta vulnerabilidad social.

Si bien no comenzó su camino como docente, tuvo la suerte de descubrirlo y de encontrarse con alguien que la alentó a hacerlo. Desde muy joven y durante 15 años, se desempeñó como administrativa en la escuela Guillermo Cereceda, donde exploró la docencia en sus diversos ámbitos, con una mirada crítica pero constructiva.

Eduardo Carvajal, quien en ese entonces era el director de la escuela, recuerda que “ella tenía mucha disposición para reemplazar a profesores, de hacerles repasos a los alumnos dentro de lo que podía”.

Pronto surgió la oportunidad de estudiar a distancia y con el empuje y apoyo que le ofreció Carvajal, Gerarda no dudo en estudiar pedagogía en la Universidad de Playa Ancha, mientras continuaba trabajando como administrativa. El ex director, que actualmente se desempeña como Jefe Técnico del Departamento Provincial de Educación de Elqui, hoy reflexiona “yo puse sólo una parte, ella siempre se propuso ser buena profesora, fue consecuente con sus principios, muy autoexigente y auténtica. Yo creo que eso ha sido la base de su éxito”.

Tras obtener su título profesional y ejercer durante 17 años, con destacados aportes en los resultados en el SIMCE de la escuela Tomasa Olivares -como aquel que ubicó en segundo lugar a nivel nacional en el 2005- concluye que lo más importante es la implementación de los planes y programas del currículum escolar. “Yo le llamo a eso la varita mágica, esa es la biblia del profesor y tienen que leerla siempre, ver qué les falta y prepararse”, indica Gerarda Pinto.

Su aporte en la escuela Juan Pablo II

Lamentablemente hace cinco años esta docente padece una delicada enfermedad. Sin embargo, sigue aportando con sus enseñanzas en la escuela Juan Pablo II Coquimbo, en un equipo comprometido y con una directora dispuesta a brindarle todo lo necesario para desarrollar su trabajo.

Así lo comenta Margarita General Torrejón, directora de la escuela Juan Pablo II, quien recuerda que hace un año “ella tomó la decisión de irse a trabajar conmigo y fue lo mejor que me pudo haber pasado como directora, porque el sector es muy vulnerable entonces los profesores tienen que tener un perfil muy adecuado y con todas las cualidades que tiene Gerarda”. Añadió que cuando llegó “dijimos si ella se viene a trabajar con nosotros, como equipo tenemos que brindarle todo para que trabaje bien” y así lo han hecho.

Respecto a su desempeño, Margarita destaca el alto nivel de compromiso y vocación, señalando que “ella nunca llega atrasada, a pesar de que vive al pie del Cerro Grande (en La Serena, un sector muy lejos de Coquimbo) y pese a su enfermedad camina muchísimo para tomar locomoción. Sólo pide permiso administrativo cuando va a sus controles médicos a Santiago y lo hace casi siempre los viernes para faltar sólo medio día. Incluso deja todo el material listo para cada niño”.

Y estos esfuerzos sumados al incansable trabajo del equipo educativo ya han dado frutos. En la última medición del SIMCE la escuela Juan Pablo II logró un aumento significativo de los resultados en Lenguaje (299) y en Matemáticas (304).

Según Margarita, el logro se debe “en un gran porcentaje a la profesora, ya que ella sabe perfectamente lo que tienen que saber los niños para que les vaya bien en el SIMCE. Pero además nosotros, como equipo directivo y técnico, tenemos el foco en que todos los niños aprendan”. En esa línea destaca el Plan de Mejoramiento Educativo del establecimiento, que incluye un monitoreo permanente de los aprendizajes y una estrecha vinculación con los apoderados, quienes son, a su juicio, verdaderos aliados en el proceso educativo.

Pinto concuerda con la importancia de trabajar con las familias, sobre todo si apoyan a sus hijos. “Yo estoy siempre dedicada a los niños y viendo a futuro qué más pueden lograr. La motivación es fundamental y también hacer entender a los apoderados que sus hijos pueden, sobre todo eso”.

Un trabajo impecable que, a juicio de General, se logra principalmente gracias al amor por enseñar. “El amor logra muchas cosas y Gerarda lo ha demostrado, imagínese que ella tiene una voz bajita y sin embargo los niños la respetan mucho, porque ven en ella a una verdadera maestra”, afirma.

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